// Bienvenidos al Multiespacio << Jóvenes por la Igualdad >> de Jxi Córdoba, en el CC-Ari // Sean bienvenidos a la "Cultura en Acción"...//

Una visión del pasado, del presente y del futuro recopilada entre los periodistas, cientificos, e intelectuales argentinos : La brújula política está dedicada al estudio y a la reflexión crítica sobre la realidad.

12/7/10

9 de Julio: día de la Independencia Argentina


La declaración de independencia de la Argentina fue una decisión tomada por el Congreso de Tucumán que sesionó en la ciudad de San Miguel de Tucumán de las entonces Provincias Unidas en Sudamérica. Fue proclamada el 9 de julio de 1816 en la casa que era propiedad de Francisca Bazán de Laguna, la cual fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. Con dicha declaración, se rompían los vínculos de dependencia política que los gobiernos locales tenían con la monarquía española.

¿Qué pasó después... con la Declaración de la Independencia?

Desde 1813, las Provincias Unidas del Río de la Plata ya no juraban fidelidad a Fernando VII. La soberanía recaía en la Asamblea Nacional General Constituyente (Asamblea del Año XIII), que estuvo reunida entre 1813 y 1815.Después, la soberanía pasó al Congreso Nacional General Constituyente, que estuvo reunido entre 1816 y 1820 (Congreso de Tucumán). Disuelto el Congreso y el Directorio, a comienzos de 1820, no hubo gobierno nacional en el país hasta la elección de Bernardino Rivadavia como Presidente de la República, el 7 de Febrero de 1826.Desde 1820 hasta 1826 y desde 1827 (tras la renuncia de Vicente López y Planes, sucesor de Rivadavia) hasta 1853 (año de sanción de la Constitución Nacional Argentina que rige actualmente) cada provincia reasumió su soberanía, sancionó su constitución propias y tuvo sus propias instituciones y autoridades, independientes de las demás provincias, como si cada una de ellas fuese un Estado.Durante esos largos períodos de autonomías provinciales, se tomó por costumbre que las provincias delegaran el manejo de las relaciones exteriores (cuerpo diplomático) y los negocios de paz y guerra en el gobernador de la Provincia de Buenos Aires.El gobierno de Buenos Aires obtuvo el reconocimiento de la Independencia por parte de las principales potencias del mundo: Estados Unidos de América (1822) Gran Bretaña (1824) Francia (1830)

Nuestra independencia...

Este 9 de Julio del 2010, en el año del Bicentenario, se cumplen unos 194 años de la declaración de nuestra independencia, un episodio clave de nuestra historia en cuanto a la consolidación de la emancipación nacional, con lo cual se comenzó a consolidar el afianzamiento de la Nación argentina dentro de la perspectiva latinoamericana, culminando de tal modo el proceso que había tenido su comienzo el 25 de Mayo de 1810, debiendo transcurrir seis años para que la independencia cobrara realidad, allá por 1816.
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21/6/10

El análisis
Un espejo de los Kirchner
Carlos Pagni


Deberán pasar unas semanas para que se despeje la incógnita de la designación de Héctor Timerman como nuevo ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina. Se trata de saber si los Kirchner decidieron abrir en la Cancillería una ventana al exterior o instalar allí un espejo que les refleje su propia imagen, un eco que repita su propia voz.

La duda cabe por razones que resultan obvias. En los últimos tiempos, Timerman asumió de manera tan apasionada la defensa del kirchnerismo que llegó a convertirse en una especie de talibán. Las cruzadas del nuevo canciller no estuvieron ligadas a sus funciones de embajador en Washington, sino a sus verdaderas obsesiones: los medios de comunicación y la política de derechos humanos. De unos meses a esta parte, Timerman se envolvió en la sotana de Gran Inquisidor para contribuir a la impugnación que el Gobierno hace de sus críticos, o de sus antiguos aliados, con argumentos ad hominem fundados en selectivas tareas de arqueología.

¿Cómo hará convivir ahora esa propensión a dar batalla con su condición de jefe de la diplomacia? ¿El Palacio San Martín se convertirá, a partir de hoy, en un centro de combate? Tal vez sean preguntas mal planteadas y el reemplazo de Jorge Taiana signifique que la Cancillería fue despojada de una vez por todas de sus funciones específicas para quedar consagrada a la polémica doméstica.

La salida de Taiana inspira tantos interrogantes como la designación de Timerman. La versión paraoficial señala que el ex ministro dimitió después de que Kirchner le reprochara, en una discusión arrebatada, el nuevo callejón en que se encuentra el conflicto con Uruguay. En efecto, el presidente José Mujica respondió a la pretensión de un monitoreo ambiental binacional de la planta de UPM -antes llamada Botnia-, proponiendo un examen sobre la contaminación que afecta al río Uruguay desde ambas orillas, en el que interveniera también Brasil, el otro Estado ribereño. La contraoferta supone investigar pasteras, curtiembres y campos regados de glifosato localizados en la Argentina. También implica involucrar a los brasileños, para que haya una tercera opinión en los dictámenes.

El secretario general de la Unasur no se habría enfadado tanto con esa réplica como con su publicación en los diarios argentinos, que imputó a Taiana. Fuentes oficiales coincidían anoche en que el canciller ofreció su renuncia después de que Kirchner lo llamara "desleal". Sin embargo, el propio funcionario se encargó de consignar que su cambio de palabras fue con la Presidenta, no con su esposo.

Del alejamiento de Taiana hay otra versión. El motivo de la discordia sería la citación del embajador Eduardo Sadous a la Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados, para que declare sobre las presuntas coimas que se habrían cobrado a los pequeños y medianos empresarios que pretendían exportar sus mercaderías a Venezuela. Varios kirchneristas ultras reprocharon a Taiana cierta prescindencia frente a esta amenaza opositora. Acaso tengan razón. El ministro ha evitado dar la cara por la hermandad bolivariana. Esa defensa quedó a cargo de Julio De Vido.

Hay un dato que respalda esta lectura, según la cual Taiana se marchó por el escándalo venezolano y no por la crisis oriental: anteanoche Sadous fue autorizado por la Cancillería para asistir al Congreso. Durante la mañana de ayer, la Dirección de Personal de ese ministerio informó que no había obstáculo alguno para esa diligencia. Como adelantó LA NACION, a partir de la declaración de Sadous, la oposición pretende crear una comisión investigadora sobre la relación entre Buenos Aires y Caracas en los últimos siete años. Habrá que ver qué actitud adopta Timerman frente a esta encrucijada.

Más allá de los detalles del desenlace de ayer, las diferencias del canciller con sus jefes eran antiguas, ya que él se sentía ignorado en materias de su competencia. En el conflicto comercial con China, por ejemplo, Cristina Kirchner se plegó al enfoque de la ministra de Producción, Débora Giorgi, con el que Taiana disentía. El endurecimiento de las relaciones con Gran Bretaña por la explotación de petróleo en las aguas circundantes a Malvinas tampoco encontró en él a un abogado convencido. Y la gestión para entronizar a Kirchner en la Unasur le fue confiada a la diplomacia paralela que ejerce, desde una oficina del área presidencial, el ex guerrillero Rafael Follonier. En los últimos dos años, Taiana eludió cubrir algunas vacantes de la burocracia a su cargo para evitar que la Presidenta designara a funcionarios que a él le resultaban antipáticos (la Subsecretaría de Política Exterior y las embajadas en Londres y en Roma, por ejemplo). Entre sus principales colaboradores hay también quienes quieren alejarse. Es el caso del secretario de Relaciones Exteriores, Victorio Tacetti, que aspira a convertirse en embajador ante la OEA. Follonier fue sondeado anoche para ocupar el cargo de Tacetti.

Con la repatriación de Timerman, Cristina Kirchner promovió a alguien de su propio círculo, no del de Kirchner. Cuando era cónsul en Nueva York, este funcionario ofició como el cicerone de la entonces primera dama en esa ciudad. Timerman está entre los pocos kirchneristas que hablan inglés, y eso lo ayudó también a convertirse en asistente -sherpa- de la Presidenta en las reuniones del G-20. Esas funciones lo encontrarán el lunes que viene en Toronto. Allí, el sucesor de Taiana despejará la principal incógnita de su nuevo destino, es decir, sabrá lo que sus superiores esperan de él: si la guerra o la paz.

Fuente: Un espejo de los Kirchner, por Carlos Pagni - La Nación - 19/06/10
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20/6/10

Opinión
Otra batalla que está ganando Kirchner
Por Luis Majul

Néstor Kirchner no sólo está ganando la batalla para hacer creer a mucha gente que es invencible. También está ganando otra pelea crucial: la del uso de la palabra y el sentido que se le da a lo que se dice o escribe. Por supuesto, ni una ni otra cosa son verdades irrefutables: sólo percepciones de la realidad. Sin embargo, genera euforia entre los kirchneristas e impotencia y decepción entre los que no lo son. Y, además, desnuda la ineficacia de la oposición para fijar su propia agenda del lenguaje. (Y también la incapacidad de la misma oposición para ejecutar la acción que corresponde a ese lenguaje).

De tanto repetirlo, el kirchnerismo se ha apropiado, entre otros, de los siguientes términos: "funcional a la derecha", "el monopolio", "corporación mediática", "gorila", "partido judicial", "partido del ajuste" y "vende patria". También de los vaticinios políticos ("Lo que puede venir es peor de lo que hay"). Pero, además, se ha adueñado de otras falsas ideas, un poco más complejas, y cuyas consecuencias son más graves. La más extendida se podría resumir así: "En todos los gobiernos hay un poco de corrupción y en este también. Son errores del sistema. Es más importante la lucha contra los grupos concentrados y las cien familias que siempre mandaron en la Argentina que denunciar los casos de corrupción en los que se monta la derecha para tirar pálidas y aceitar la máquina de impedir".

Por supuesto, con cada uno de esos términos que los comunicadores oficiales usan para descalificar se podrían explicar las conductas del propio kirchnerismo.

El clientelismo, la corrupción, la persecución a políticos, empresarios, sindicalistas y periodistas no kirchneristas que ejerce esta administración son prácticas típicas de la derecha autoritaria. Desde este punto de vista, no cabe ninguna duda de que los que apoyan a Kirchner y a la presidenta Cristina Fernández sin denunciar sus errores de gestión o los delitos que se cometen bajo su protección política, son "funcionales a la derecha".

De la misma manera, nadie se escandalizaría con la afirmación de que, a esta altura, hay una suerte de "corporación mediática" oficial y paraoficial cuya misión fundamental es descalificar y destruir todo lo que no sea K y defender y profundizar "el modelo" impulsado "por el mejor gobierno de toda la historia de la Argentina".

A su vez, al supuesto "partido judicial" que, según el ex presidente, "impide que la Argentina avance" le corresponde otro, formado por fiscales, jueces y camaristas que constituyen otro "partido judicial", pero de signo diferente. Es decir, "funcional al poder de turno". Se trata de magistrados que inventan causas, como el destituido Federico Faggionato Márquez, o las direccionan, como el polémico y controvertido Norberto Oyarbide, sólo por citar los dos casos más evidentes.

Así, a muchos kirchneristas fanatizados les entraría como anillo al dedo el mote de "gorila" porque todavía siguen culpando al peronismo de todos los males de la Argentina. O muchos militantes K podrían calificar a Kirchner y Fernández de "vende patrias", al pagar la deuda externa por anticipado, permitir la venta de YPF, terminar de destruir los Ferrocarriles Argentinos o haber apoyado el indulto cuando Carlos Menem lo ordenó.

Lo que cuesta entender es por qué prestigiosos periodistas que influyeron en generaciones enteras de colegas con la potente idea de que la corrupción era inherente al modelo que proponía Menem, ahora piensan que hay una corrupción mejor, más justificable o digna de ser ignorada. O por qué filósofos que llegaron a criticar los delitos de esta administración, de un día para el otro dejaron de hacerlo, a cambio de un programa en un buen canal del Estado o de unas cuantas audiencias con el ex presidente, la Presidenta o los ministros más importantes.

En ese sentido, Kirchner jugó otro partido difícil y también ganó. Utilizó su insuperable "detector de resentimientos" y sedujo a una importante cantidad de resentidos, con razón o sin ella. Resentidos contra la sostenida prepotencia de algunos directivos del Grupo Clarín. Resentidos porque no encontraron el lugar que suponen se merecen dentro del Estado, la cultura, la política y los medios de comunicación. Resentidos contra los intelectuales que no compran el paquete completo del ideario kirchnerista. Resentidos contra los periodistas que se atreven a cuestionar el discurso único del poder oficial. Todo este importante ejército de resentidos juega ahora al lado de uno de los políticos más resentidos de este país.

Pero el éxito de Kirchner no se explica sólo por la apropiación de las palabras. Se justifica también en la mística que logró transmitir al núcleo duro de sus seguidores. Y la carencia de sueños y de horizonte que se advierte en la mayoría de los líderes de la oposición.

¿Le alcanzará esa mística para esconder la verdad de los hechos y convencer a la mayoría de que se trata de un ex mandatario valiente, de alguien que necesita seguir gobernando para liberar a los argentinos del yugo de los poderosos?

Solo por dar un ejemplo: el ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, al que todos los días le adjudican una nueva propiedad, no es un militante de los derechos humanos, ni un hombre con ideas progresistas, ni alguien a quien se pueda definir como un patriota del Bicentenario. Jaime fue, hasta que renunció un hombre de máxima confianza de Kirchner. Alguien que reportaba solamente a él.

Fuente: Otra batalla que está ganando Kirchner, por Luis Majul - La Nación - 02/06/10
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26/5/10

Retazos de la Revolución de Mayo: Bernardo de Monteagudo

Para ser Patriota es preciso ser Ciudadano...

… Para amar a la Patria basta ser hombre, para ser patriota es preciso ser ciudadano, quiero decir, tener las virtudes de tal. De ahí resulta que acaso no tenemos idea de esta virtud, sino por la definición que dan de ella los filósofos; a todos oigo decir que son patriotas, pero sucede con esto lo que con los avaros, que en apariencia son los más desinteresados, y a juzgar de su corazón por los sentimientos que despliegan sus labios, se creería que el desinterés es su virtud favorita. La esperanza de obtener una magistratura o un empleo militar, el deseo de conservarlo, el temor de la execración pública y acaso un designio insidioso de usurpar la confianza de los hombres sinceros; éstos son los principios que forman los patriotas de nuestra época. No lo extraño; el que jamás ha sido feliz sino por medio del crimen, del disimulo y de la insidia, se persuade de que hay una especie de convención entre los hombres para ser sólo virtuosos en apariencia; sin advertir que esta moral varía según los tiempos, y que sólo es propia de esos desgraciados pueblos, donde el ruido fúnebre de las cadenas que arrastran, los hace meditar cada día nuevos medios de envilecerse, para ser menos sensibles a la ingnominia.

El que no tenga un verdadero espíritu de filantropía o interés por la causa santa de la humanidad, el que mire su conveniencia personal como la primera ley de sus deberes, el que no sea constante en el trabajo, el que no tenga esa virtuosa ambición de la gloria, dulce recompensa de las almas grandes, no puede ser patriota, y si usurpa este renombre es un sacrílego profanador. Yo compadezco a los americanos, y me irrito contar esos astrabiliarios pedagogos que venían del antiguo hemisferio a inspirarnos todos los vicios eversivos de estas grandes virtudes: ellos merecen nuestra execración, aún cuando no sea más que por la barbarie e inmoralidad que nos han dejado en patrimonio.

Sólo la fuerza ha podido vencer el hábito casi convertido en naturaleza, y descubrir por todas partes espíritus dispuestos a hacer frente al error y a la preocupación. Sigamos su ejemplo y hagamos ver que somos capaces de tener patriotismo, es decir, que somos capaces de ser libres, y de renovar el sacrificio de Catón después de la batalla de Farsalia, antes que ver tremolar nuevamente el pabellón de los tiranos, y quedar reducidos a la ignominiosa necesidad de postrar delante de ellos la rodilla, y saludarlos con voz trémula para subir luego al suplicio, como lo hacían los romanos en la época de su degradación.

Mas no perdamos de vista, que nuestra alma jamás tomará este temple de vigor y energía, mientras nuestro corazón no se interese en la suerte de la humanidad y entremos a calcular los millares de hombres existentes y venideros, a quienes vamos a remachar las cadenas con nuestras propias manos si somos cobardes, o sellar con las mimas el decreto de su libertad e independencia, si somos constantes. Yo veo envueltos en el caos de la nada a los descendientes de la actual generación, y mi alma se conmueve y electriza cuando considero que puedo tener alguna pequeña parte en su destino: pero después me digo a mí mismo, ¿es posible que las sectas del fanatismo, y los sistemas de delirio tengan tantos mártires apóstoles y prosélitos; al paso que la causa de los hombres apenas encuentra algunos genios distinguidos que la sostengan y defiendan?. Yo me veo obligado a inferir de aquí que son pocos los patriotas, porque son pocos los que aman la causa de sus semejantes: y si algunos la aman, su conveniencia personal, y poca constancia en el trabajo, los convierte en refinados egoístas.

Muy fácil sería conducir al cadalso a todos los tiranos, si bastara para esto el que se reuniese una porción de hombres, y dijesen todos en una asamblea, somos patriotas y estamos dispuestos a morir para que la patria viva: pero si en medio de este entusiasmo el uno huyese del hambre, el otro no se acomodase a las privaciones, aquél pensase en enriquecer sus áreas, en dilatar sus posesiones, en atraerse por un lujo orgulloso las miradas estultas de la multitud, y éste temiese sacrificar su existencia, su comodidad, su sosiego prefiriendo la calma y el letargo de la esclavitud a la saludable agitación y dulces sacrificios que aseguran la LIBERTAD, quedarían reducidos todos los aquellos primeros clamores a una algarabía de voces insignificantes propias de un enfermo frenético que busca en sus estériles deseos el remedio de sus males. Pero quizá me dirá el pusilánime egoísta, que su espíritu se resiente de una empresa tan ardua, y que la incertidumbre del éxito hace fluctuar su resolución: y yo pregunto, ¿en qué está la incertidumbre? Las circunstancias son favorables, los enemigos interiores que tenemos no pueden hacer progresos sin destruirse, y los mismos cuidados que nos causan hacen un contraste a las rivalidades recíprocas que nunca faltan: las potencias europeas se hallan como encadenadas por sus mismos intereses, y ninguna nación emprende conquistas en los momentos que teme debilitarse: hará tentativas cautelosas, y aún las ocultará porque su descubrimiento podría influir en los celos, y apoyar los cálculos de sus vecinas: nuestros recursos por otra parte no son mezquinos: tenemos brazos robustos, frutos de primera necesidad, y para abundar en numerario bastará que el gobierno considere lo imperioso de las circunstancias, y el arbitrio inevitable que han tomado las naciones en igual caso. ¿A qué ese monopolio de caudales en tres o cuatro individuos; quizá enemigos del sistema? A ninguno se le quita lo que es suyo, ¿pero por qué no suplirá el estado sus urgencias con los caudales de un poderoso, que en nada contribuye; especialmente cuando la constitución protege sus mismos intereses, y puede asegurar el reintegro de un suplemento? Desengañémonos, la incertidumbre del éxito no pende de una causa necesaria y extraña, sino de nosotros mismos: seamos patriotas, esto es, amemos la humanidad, sostengamos los trabajos, prescindamos de nuestro interés personal y será cierto el éxito de nuestra empresa.

Bien sé que hay muchas almas generosas, que desembarazadas de todo sentimiento servil, no tienen otro impulso que el amor a la gloria: éstas no necesitan sino de sí mismas para hacer cosas grandes: ellas imitarán al intrépido romano que inmoló sus propios hijos para salvar la patria, y emularán la virtud de los 300 espartanos, que se sacrificaron en el paso de las Termópilas por obedecer a sus santas leyes. La mano del verdugo, el brazo de un déspota, el furor de un pueblo preocupado, nada intimida a los que aman la gloria. Seguros de que vivirán eternamente en el corazón de los buenos ciudadanos, ellos desprecian la muerte y los peligros con tal que la humanidad reporte alguna ventaja de sus esfuerzos. Esta clase de hombres es la que expulsó de Roma a los Tarquinos, la que dio la LIBERTAD a la Beocia, a Tesalia y a toda la costa del mar Egeo, la que hizo independiente a la América del Norte en nuestros mismos días, y la que formará en la del Sur un pueblo de hermanos y de héroes. No hay dificultad, ya veo la aurora de este feliz día. ¡Oh, momento suspirado! Las almas sensibles te desean, y se preparan a sufrir toda privación, todo contraste por tener la gloria de redimir la humanidad oprimida: los patriotas de corazón han jurado no acordarse de sí mismos, no volver al seno del descanso hasta afianzar en las manos de la patria el cetro de oro, y ver espirar al último tirano, a manos del último de los esclavos, para que no queden en nuestro hemisferio sino hombres libres y justos.

Bernardo de Monteagudo

3 de enero de 1811.
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Fuente: Bis
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Retazos de la Revolución de Mayo: Mariano Moreno

Mariano Moreno en "La Gaceta de Buenos Aires" (1810)

Prólogo a la traducción de "El contrato social" publicado en la Gaceta de Buenos Aires en 1810.

Por Mariano Moreno


La gloriosa instalación del gobierno provisorio de Buenos Aires ha producido tan feliz revolución en las ideas, que agitados los ánimos de un entusiasmo capaz de las mayores empresas, aspiran a una constitución juiciosa y duradera que restituya al pueblo sus derechos, poniéndolos al abrigo de nuevas usurpaciones. Los efectos de esta favorable disposición serían muy pasajeros, si los sublimes principios del derecho público continuasen misteriosamente reservados a diez o doce literatos, que sin riesgo de su vida no han podido hacerlos salir de sus estudios privados. Los deseos más fervorosos se desvanecen, si una mano maestra no va progresivamente encadenando los sucesos, y preparando, por la particular reforma de cada ramo, la consolidación de un bien general, que haga palpables a cada ciudadano las ventajas de la constitución y lo interese en su defensa como en la de un bien propio y personal. Esta obra es absolutamente imposible en pueblos que han nacido en la esclavitud, mientras no se les saque de la ignorancia de sus propios derechos que han vivido. El peso de las cadenas extinguía hasta el deseo de sacudirlas; y el término de las revoluciones entre hombres sin ilustración suele ser que, cansados de desgracias, horrores y desórdenes, se acomodan por fin a un estado tan malo o peor que el primero a cambio de que los dejen tranquilos y sosegados.

La España nos provee un ejemplo muy reciente de esta verdad: cuanto presenta admirable el heroísmo de los pueblos antiguos se ha repetido gloriosamente por los españoles en su presente revolución. Una pronta disposición a cuantos sacrificios han exigido, un odio irreconciliable al usurpador, una firmeza sin igual en los infortunios, una energía infatigable entre los cadáveres y sangre de sus mismos hermanos; todo género de prodigios se repetía diariamente por todas partes; pero como el pueblo era ignorante, obraba sin discernimiento; y en tres años de guerra y de entusiasmo continuado no han podido los españoles erigir un gobierno que merezca su confianza, ni formar una constitución que los saque de la anarquía.

Tan reciente desengaño debe llenar de un terror religioso, a los que promuevan la gran causa de estas provincias. En vano sus intenciones serán rectas, en vano harán grandes esfuerzos por el bien público, en vano provocarán congresos, promoverán arreglos y atacarán las reliquias del despotismo; si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía.

En tan críticas circunstancias todo ciudadano está obligado a comunicar sus luces y sus conocimientos; y el soldado que opone su pecho a las balas de los enemigos exteriores, no hace mayor servicio que el sabio que abandona su retiro y ataca con frente serena la ambición, la ignorancia, el egoísmo y demás pasiones, enemigos interiores del Estado, y tanto más terribles, cuanto ejercen una guerra oculta y logran frecuentemente de sus rivales una venganza segura. Me lisonjeo de no haber mirado con indiferencia una obligación tan sagrada, de que ningún ciudadano está exceptuado, y en esta materia creo haber merecido más bien la censura de temerario, que la de insensible o indiferente: pero el fruto de mis tareas es muy pequeño, para que pueda llenar la grandeza de mis deseos; y siendo mis conocimientos muy inferiores a mi celo, no he encontrado otro medio de satisfacer éste, que reimprimir aquellos libros de política que se han mirado siempre como el catecismo de los pueblos libres, y que por su rareza en estos países son acreedores a igual consideración que los pensamientos nuevos y originales.

Entre varias obras que deben formar este precioso presente, que ofrezco a mis conciudadanos, he dado el primer lugar al Contrato Social, escrito por el ciudadano de Ginebra, Juan Jacobo Rousseau. Este hombre inmortal, que formó la admiración de su siglo, y será el asombro de todas las edades, fue, quizá, el primero que disipando completamente las tinieblas con que el despotismo envolvía sus usurpaciones, puso en clara luz los derechos de los pueblos, y enseñándoles el verdadero origen de sus obligaciones, demostró las que correlativamente contraían los depositarios del gobierno.

Los tiranos habían procurado prevenir diestramente este golpe, atribuyendo un origen divino a su autoridad; pero la impetuosa elocuencia de Rousseau, la profundidad de sus discursos, la naturalidad de sus demostraciones disiparon aquellos prestigios; y los pueblos aprendieron a buscar en el pacto social la raíz y único origen de la obediencia, no reconociendo a sus jefes como emisarios de la divinidad, mientras no mostrasen las patentes del cielo en que se les destinaba para imperar entre sus semejantes; pero estas patentes no se han manifestado hasta ahora, ni es posible combinarlas con los medios que frecuentemente conducen al trono y a los gobiernos.

Es fácil calcular las proscripciones que fulminarían los tiranos contra una obra capaz por sí sola de producir la ilustración de todos los pueblos; pero si sus esfuerzos lograron substraerla a la vista de la muchedumbre, los hombres de letras formaron de ella el primer libro de sus estudios; el triunfo de los talentos del autor no fue menos glorioso por ser oculto y en secreto.

Desde que apareció este precioso monumento del ingenio, se corrigieron las ideas sobre los principios de los estados, y se generalizó un nuevo lenguaje entre los sabios, que, aunque expresado con misteriosa reserva, causaba zozobra al despotismo y anunciaba su ruina.

El estudio de esta obra debe producir ventajosos resultados en toda clase de lectores; en ella se descubre la más viva y fecunda imaginación; un espíritu flexible para tomar todas sus ideas; un corazón endurecido en la libertad republicana y excesivamente sensible; una memoria enriquecida de cuanto ofrece de más reflexivo y extendido la lectura de los filósofos griegos y latinos; en fin, una fuerza de pensamientos, una viveza de coloridos, una profundidad de moral, una riqueza de expresiones, una abundancia, una rapidez de estilo y sobre todo una misantropía que se puede mirar en el autor como el muelle principal que hace jugar sus sentimientos y sus ideas. Los que deseen ilustrarse encontrarán modelos para encender su imaginación, y rectificar su juicio; los que quieran contraerse al arreglo de nuestra sociedad, hallarán analizados con sencillez sus verdaderos principios; el ciudadano conocerá lo que debe al magistrado, quien aprenderá igualmente lo que puede exigirse de él; todas las clases, todas las edades, todas las condiciones participarán del gran beneficio que trajo a la tierra este libro inmortal, que ha debido producir a su autor el justo título de legislador de las naciones. Las que lo consulten y estudien, no serán despojadas fácilmente de sus derechos; y el aprecio que nosotros le tributemos será la mejor medida para conocer si nos hallamos en estado de recibir la libertad que tanto nos lisonjea.
Como el autor tuvo la desgracia de delirar en materias religiosas, suprimo el capítulo y principales pasajes donde ha tratado de ellas. He anticipado la publicación de la mitad del libro, porque precisando la escasez de la imprenta a una lentitud irremediable, podrá instruirse el pueblo en los preceptos de la parte publicada, entre tanto que se trabaja la impresión de lo que resta. ¡Feliz la patria si sus hijos saben aprovecharse de tan importantes lecciones!
Fuente: Doctrina democrática, edición de Ricardo Rojas, Librería La Facultad, de Juan Roldán, 1915
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Mes a Mes, una visión tanto política como cultural

~ Nuestra Agenda ~

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Actividades tanto Políticas como Culturales, organizadas y/o propuestas por Jóvenes por la Iguadad Córdoba.

El Video Político Argentino: "Nuestra Constitución Nacional"

Preambulo de la Constitución Argentina: con voz de Jorge Lanata, del programa televisivo "Día D" (Canal América), 2001.

¿Cuando demandamos como sociedad, que la clase politica la respete?..Deberiamos aprender que ningun hombre tiene que estar por encima de ella, esa es la base de la igualdad de todos ante la ley...Pensar que deciamos en el 2001, "que se vayan todos", y aparecio más de lo mismo, Néstor Kirchner (se sabia en Santa Cruz ya quien era, como se manejaba), y luego su mujer, Cristina Fernandez de Kirchner, y con ellos, volvieron muchos más, la impunidad, la corrupción...¿Cuando aprenderemos a elegir a "nuestros representantes"?, ¿Cuando aprenderemos a votar algo distinto?...Hagamonos cargo de nuestro errores y de nosotros depende defenderla hoy, hacerla cumplir.

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